lunes, 12 de mayo de 2008

Friedrich Nietzsche Cómo se filosofa a martillazos...

Donde hace falta la fe. Nada hay tan raro entre moralistas y santos como la probidad; tal vez afirmen lo contrario y es posible que hasta lo crean. Pues cuando creer es más útil, eficaz y convincente que fingir de modo consciente, el fingimiento, por instin­to, no tarda en tornarse inocencia: tesis capital para la comprensión de los grandes santos. También en el caso de los filósofos, tipo diferente de santos; es un “gaje del oficio” eso de admitir solamente determi­nadas verdades, esto es, aquellas en base a las cuales su oficio cuenta con la sanción pública; en el lenguaje de Kant: verdades de la razón práctica. Saben lo que deben demostrar; en esto son gente práctica; el acuer­do sobre “las verdades” es el signo por el cual se reconocen. “No mentirás” significa, en definitiva: cui­dado, señor filósofo, con decir la verdad...

El ateísmo...

En primer lugar me gustaría que se publicara más información sobre ¿Qué es un tshandala?, luego me quiero dejar ver un pensamiento propio. No se puede conocer a nadie a no ser que este presente aunque ese alguien sea Dios, ahora bien, el hecho simple de que no se conozca su modo de ser o pensar lo que quiere y lo que no, aun a pesar de que sepamos que los moralizadores grandes o pequeños se hacen de mentiras o argumentaciones sin evidencia para sus propósitos, sin necesidad de pactar con ellos en sus doctrinas. creo que tanto la moral de los religiosos como el miedo a pensar que sí hay un Dios se nos va a ser participe de una moral especifica, a sido principalmente el fundamento del ateísmo.

Me interesa saber y debatir en todo buen animo sobre lo que piensan al respecto de lo que ya he dicho antes.

Gondwana Ignorancia...

Friedrich Nietzsche Cómo se filosofa a martillazos.

Parece que el lenguaje está inventado únicamente para lo ordinario, lo medio, lo comunicable. Con el lenguaje se vulga­riza el que habla. (De una moral para sordomudos y otros filósofos.)

Nada menos que el divino Platón (y así le llama el propio Schopen­hauer) sostiene una tesis diferente: que toda la belleza excita el instinto sexual; que en esto reside precisa­mente su efecto específico, desde la máxima sensua­lidad hasta la máxima espiritualidad...Lo que justifica al hombre es su realidad; ésta lo justificará eternamente. ¿Cuán­to más vale el hombre real? en comparación con cual­quier hombre tan sólo deseado, soñado, inventado y mentido, ¿con cualquier hombre ideal? Sólo por ello el hombre ideal repugna al filósofo...

Para terminar, recordaré, en oposición a Schopenhauer y en honor de Platón, que también toda la cultura y literatura superiores de la Francia clásica han nacido en el suelo del interés sexual. Cabe buscar en ellas por doquier la galantería, los sentidos, la ri­validad sexual, la “mujer”; no se buscará nunca en vano...